Through the Looking-Glass

Parody: one of the best re-inventions of man

domingo, febrero 01, 2026

HISTORIA DE LINA Capítulo 10: Crippling grief

Esta es la parte de la historia de Lina en la que ya no está Lina. Pero no es que desapareció. Es como si hubiera dejado detonando una bomba y yo estuve ahí en la explosión. Y ahora me falta un pedazo, y estoy tratando de funcionar, así como quedé. Y solo soy una de las tantas personas que siguen llorando su falta.  

Ella está en todas partes, en todos los momentos, está en el aire, en el cielo, en la hierba, en los bichitos del cementerio, en las piedras que le gustaba apretar cuando se sentía ansiosa, en todas las fotos, los videos, los escritos, los dibujos que me dejó. Está en nosotros. 

Y vamos a dar a conocer al mundo ésta su historia. 

Tatiana Fernández 

Autoretrato de LiVi chan


THING! by Len

domingo, enero 11, 2026

HISTORIA DE LINA Capítulo 9: I'm no longer mentally ill

Ese día fue a la escuela, para lo cual nos estábamos encontrando con el Papá en el puente Guayasamín. Para mí, nos estaba yendo bien con ese arreglo. Yo llevaba en el carro los cupcakes que ella cocinó la noche anterior, porque eran supuestamente por el cumpleaños de alguna amiguita, y sabía que no ibamos a alcanzar a regresar. 

Estuvo en la escuela, y estuvo bien según el Papá, habían conversado, se habían reído. Ella me contó más tarde que hubo un simulacro y que los bomberos estuvieron en la escuela.  

Yo puse en el whatsapp la foto de los cupcakes para ver si alguien quería comprar, pero ella me dijo que no porque eran para la amiguita, pero que no le había contestado todavía. Yo estaba esperando, pero nunca me dijo cuál era el plan. Entonces yo hice un plan, estaba entre llevarle esa tarde a psicología o llevarle al oftalmólogo y como era el último día de cobertura del seguro, decidí el segundo.  

Le recogí del puente Guayasamín, iba escuchando un webinar sobre un intercambio estudiantil al que ella sugirió que quería entrar. Ella dijo que talvez quería viajar, ver cómo era el mundo, ver cómo eran las cosas en otros lugares. Yo tenía mis reservas por su situación actual, pero quedamos en que íbamos a revisar los requisitos al llegar a la casa. 

La oftalmología era en la clínica Pichincha. Había unos “cuidadores de carros” bien malandrosos. Entramos donde la oftalmóloga. Ella le confundió con un chico, y yo le hice un pulgar arriba. Mientras le medían la vista yo le tomé una foto, porque estaba con mascarilla y me pareció chistoso. Esa es la última foto que tengo de ella. Tenía supuestamente un estrabismo que en un punto nos dijeron que era de operación, pero aparentemente había desaparecido, y le dieron el alta por oftalmología. 

A la salida hablamos de que le habían confundido con chico y repasó los mejores halagos que le habían hecho: “tienes aire de bonito” y “eres como la Marli”. Los dos se los hice yo. 

En el camino a casa ibamos escuchando la música de Encanto, y sonó una versión karaoke de la primera canción. Ella se sabía de memoria y cantó. 

Al llegar a la casa me di cuenta de que me había olvidado mi mochila en el consultorio de la oftalmóloga. Decidí decirle a mi esposo que me acompañe para no parquearnos ahí donde estaban los malandros. Le dije a Lina que ya volvía, que le cuide al hermanito, que le de uno de los cupcakes. Ella dijo “bueno, pero esperen que vaya al baño”, y se veía un poco nerviosa, pero eso es todo lo que puedo recordar de raro. 

Por el tráfico regresé más de media hora después. Mi esposo se quedó en el gimnasio. No entré inmediatamente donde Lina. Primero saqué al perro al patio, luego corté unos pedazos de sandía y le brindé a mi hijo, que sí se había comido el cupcake. Le llevé un plato de sandía a ofrecerle a Lina y estaba la puerta cerrada con llave. De una me asusté, le grité desde afuera que me abriera, pero no hubo respuesta. Traté de abrir con las llaves que estaban ahí. Empujé un poco y  que podría romperla, pero si ella estaba en la cama le hubiera caído encima, por eso salí y me  la vuelta para ver por la ventana. Por la ventana le  colgada de una gaveta que era encima del baño. Entré en modo salvataje. 

Corrí lo más rápido que pude, pasé por la cocina cogiendo una tijera. Llegué al cuarto y empujé la puerta con fuerza que no tengo, hasta que se rompió. Prendí la luz, cogí la silla que estaba al lado, corté la bufanda de chifón con la que se colgó. Se desplomó y apenas le cogí. No había ninguna respuesta. Los ojos estaban cerrados. Ella estaba caliente. Empecé RCP. Grité al Tomás que me ayude, que le llame a la vecina, pero no me entendía, no entendía la importancia, ni sabía por dónde llamar a la vecina. Grité auxilio mientras daba el RCP. Con una mano llamé al 911. Ellos llamaron a la vecina. Seguí el RCP hasta que llegó la ambulancia, serían 40 minutos después, ya la vecina les abrió. Ella estuvo muerta todo el tiempo, nunca tuve ni un signo vital. No sé si hice bien o mal, en ese momento pensé que hice todo bien, pero creo que ya estaba muerta. Los de la ambulancia, tan tiernos, le dieron descargas y poco después me dijeron que ya estaba fallecida. Pude llorar un poco más al lado de ella, decirle que no me deje, que le amo. Pero no podía llorar tanto porque todavía estaba la adrenalina en mi cuerpo. Y luego comencé a llamar, a romper a cada uno de mis familiares. Más tarde llegó la policía al “levantamiento del cadáver en la escena del crimen”. Cuando se disipó la adrenalina pude ver que estaba viviendo mi peor pesadilla. 


Dibujo por Len, 2022.

lunes, diciembre 29, 2025

HISTORIA DE LINA Capítulo 8: Último intento

Seguimos con terapia psicológica particular que se podía tener más seguido, además de las citas que nos daban del instituto de psiquiatría. Nos enfocamos en que realizara actividades gratificantes, salimos a lugares como familia, tomamos vacaciones, hicimos las tareas que nos mandaban en la terapia familiar, jugamos juegos, vimos películas y series juntos. Fuimos a convenciones y hasta volvió a disfrazarse. Seguimos en los tratamientos, tomamos las pastillas.  

Eventualmente pudimos conocer al novio, que obviamente también tenía problemas psiquiátricos. En el centro nos dijeron que no se deberían ver entre pacientes una vez egresadas de la institución, pero cómo impedir eso, si se camuflan los números de teléfono y se llaman. Cómo no dejarle que vea a personas con las que compaginó tan bien, que eran sus pares, que tenían los mismos problemas. Yo pregunté si era posible hacer grupos de apoyo y me dijeron que no era recomendable.  

No quiso regresar al colegio en el que estaba. Estaba enojada con el colegio. Pero el colegio estaba aceptando las adecuaciones curriculares que enviaron desde el instituto. Me costaba que haga los deberes, no quería entrar a las clases, creo que no se comunicó con sus compañeros. En general decía que no le interesaba el colegio ni la universidad, que no le veía objetivo. Decidimos sacarle de ese colegio y cambiarle a otro, pero me dieron largas para los trámites. Mandaron una trabajadora social que iba para ver si cómo era el ambiente familiar. Lina fue cortante con ella, le dijo que no quería regresar. En una conversación con su psicólogo le dijo que el slogan “ser más para servir mejor” le había hecho sentir por muchos años que “si no soy más, no sirvo”.  

Por fin le pude cambiar de colegio a uno donde trabaja el Papá de ella, y sí sintió que era más suave el trabajo, pero aún así me costaba hacerle hacer los deberes y estudiar. Yo misma le hice muchos deberes. Al principio el trabajo era virtual pero eventualmente ya fue presencial, y nos estábamos organizando para llevarle, porque era un poco más lejos de la casa. El plan era, siempre fue, cambiarnos de casa e irnos a vivir al valle de los Chillos donde pudieramos estar más lejos de los nuevos colegios y más cerca del resto de la familia. Ella sabía eso, yo estuve viendo casas en internet con ella.  

Le buscamos cursos y hobbies, ella siempre siguió dibujando, tanto en papel como en digital. Era su forma de expresarse, de desahogarse, y también pensaba vivir de eso. Pensaba mucho en formas de ganarse la vida. Por eso también le puse en un curso de cupcakes, los hacía muy ricos. Yo le comisioné unos para mí y los regalé a mis compañeros en navidad. Hasta el día anterior a su muerte horneó cupcakes. Pensaba en ponerle en algo de gastronomía, pero iba a ser muy pesado. No encontré ningún curso de música en ese momento, porque todavía estábamos en la pandemia. 

Pero claro había días y días. Todavía seguía con crisis de vez en cuando, temblaba, en la última cita con el psiquiatra le subió el antidepresivo. Me dijo que si hay algún intento autolítico habría que ingresarle de nuevo, yo pensaba más en cosas como rasguños en los brazos y piernas.  

Parece que las cosas con el novio no iban tan bien, como que se desaparecía, como que él no tenía una buena autoestima y ella se culpaba por eso. Creo que se frustraba porque pensaba que tenía que hacer feliz al novio. Supe que estuvo internado otra vez.  

Me pidió que le compre una tela de peluche e hizo un conejo para su novio. Se demoró toda la noche y se pinchó un poco, lo cosió a mano. Le quedó bien lindo. Sé que se lo dio, no se cuál fue el resultado. No podía indagar tanto en esa parte, no se abría conmigo.  

También le puse en un curso de tatuaje, que se le iba a dar bien por sus habilidades artísticas, y tiene un poco más de salida económica. Era los sábados. Esos sábados también nos estuvimos paseando por ese barrio. Le fue bastante bien, parecía satisfecha en ese aspecto. Pero había una ambigüedad ese último mes, parecía inestable. Se graduó del curso y me dio el diploma 3 días antes de su partida. Ese sábado tenía una marca en el cuello, me dijo que no sabía de qué era, que tal vez se hizo con un collar que se había comprado recién. Yo pregunté “no me mentirías acerca de esto, ¿verdad?” y ella me miró a los ojos y me dijo que no. Y yo le creí.  

Itsy bitsy spider, by Len

lunes, diciembre 22, 2025

HISTORIA DE LINA Capítulo 7: Campamento de verano

Pasó un mes y seguía en la misma condición. En la siguiente cita con Psiquiatría el Dr. me dijo que recomendaba internación. Ese mismo día le internamos, pero debimos haber llegado antes para encontrar al médico tratante. Llegamos media hora tarde. Le revisó la doctora residente de turno y tenía todos los criterios para depresión y todas las indicaciones de ingreso. Ella quiso llamar a dos de sus amigas, luego de eso quedó más contenta, y casi me arrepiento de ingresarle. Pero mi esposo me dijo que no me olvide de la indicación. Ese día fue muy difícil. Los siguientes días también, realmente yo estuve en cama el resto de la semana.  

Fue un mes y una semana de hospitalización. Yo pasé realmente mal, tratando de reestructurarme en terapia. Fui lo mejor familiar de paciente posible, fui a las horas correctas, traté de no molestar, llamé todos los días, compré todo lo que había que comprar y más. La gente trataba de animarme. Como tenía licencia para el trabajo, cuando me sentía mal no iba. A los niños de la familia les dijimos que Lina estaba en un campamento. Mi papi estaba de viaje, a él no le dijimos nada hasta que volvió.  

Poco a poco fui viendo que ella estaba mejor en las conversaciones. Conversaba con los profesionales, pero yo vivía una realidad diferente a la de ellos. No es que entendía todo, pero estaba confiando en su sistema. Adentro estaba en un ala con 14 chicas más, estaba interactuando, les llamaba amigas, se preocupaba por ellas. Moví unas palancas y tuve acceso a la historia clínica. Así supe con quién se llevaba, y supe que estaba de novia con una. Anoté todos los teléfonos por si se necesitaban en el futuro. 

Salió y le fuimos a recoger con mi Papi. Estaba contenta, se le veía más abierta, menos tímida. Me contó todo lo que había hecho, a las personas que había conocido, sobre ellas y lo que hacen, sobre los problemas que tienen, las cosas que dibujaron juntas, sobre su novio (porque, aunque era una chica le llamaba novio y pronombres masculinos). También me contó que estaba pensando en adoptar el nombre masculino Len, pero que yo le podía seguir llamando como siempre. Yo le dije que entonces me iba a tatuar una flor de loto, que en japonés se llama “ren” y se escribe igual que Len.  

En su blog de Tumblr dice que sus pronombres son “they/them”, es decir, pronombres agénero. 

 


lunes, diciembre 15, 2025

HISTORIA DE LINA Capítulo 6: I have crippling depression

Al principio de la pandemia, se podría decir que estábamos contentos. Todo era silencio, hubo días de vacación, los niños estaban felices de no ir a la escuela, pudimos hacer actividades diferentes entre todos.  

Pero poco a poco se fue deteriorando la situación, con estrés, aislamiento, cada cuál por su lado, en su cuarto, en su computadora. Yo sí tenía que ir presencial al trabajo. En la escuela muchos deberes que tenían que hacer solos. En los grupos Lina era la que hacía la mayoría de las actividades porque no se comunicaban lo suficiente para dividirse bien. Su terapeuta salió del centro de psicología a donde íbamos y nos dijeron que no estaba haciendo terapia virtual. No se me ocurrió buscarle enseguida. 

Un día me pidió reunirse con su amiguita “la esposa”, y yo le puse peros porque estábamos tan nerviosos con lo de la pandemia, y creíamos que mientras más lejos de la gente mejor. Nos reunimos en un parque, super abierto, nos quedamos por ahí mientras ella estaba con la amiguita. Pienso que lo hicimos incomodo. 

Mi otro hijo tenía 7 años, no ponía nada de atención a las clases. Entonces yo decidí cambiar de horario cuando empezó el nuevo año lectivo. Trabajaba de 11h30 a 20h00, en la mañana le ayudaba al pequeño, y Lina estaba en las clases de su curso. Llegaba de noche, a saludarles y conversar con todos luego del protocolo de sanitización. Lina se quedaba hasta muy tarde haciendo deberes, u otras cosas. Se aisló mucho, y yo tenía que escribirle a mi esposo para que le vaya a ver. Yo seguía en la asociación y el voluntariado. 

De esa época son los dibujos más difíciles de ver, porque ella dibujaba lo que sentía. El cansancio fue llegando. Hacia el final del año lectivo las notas fueron bajando. Finalmente me dijo que se sentía muy cansada, que le parecía oír voces, que había tenido pensamientos suicidas, y que quisiera seguir con terapia. 

En eso no me demoré, le busqué al terapeuta de inmediato. Ese mismo fin de semana tuvimos cita y me encendió signos de alarma. Me dijo que requería atención psiquiátrica, y que, aunque no era experto en el asunto, le parecía que podía tener una personalidad disociativa.  

Pocos días después le llevé donde un psiquiatra que trabajaba en mi clínica, empezamos antidepresivos. Le chequeamos más seguido, lo cual le molestaba un poco a ella. Salimos a lugares. Me cambié de horario al de la mañana. Continuamos con terapia.