HISTORIA DE LINA. Capítulo 2: Nuestra princesa
Todo ese tiempo vivimos con mis papás y mis hermanos, todos me ayudaron mucho. Y era una niña recontra consentida. Nuestra princesa.
¿La amamos demasiado? ¿La mimamos y consentimos demasiado? ¿Nos faltó visión de cómo es una crianza inusual? ¿Nos cegó el amor? Puro amor, pura belleza. Yo en el postgrado, llegaba a jugar con ella. Una vez me dijo "juguemos a que la mamá de los ponies estaba de turno". En otra ocasión le traje comprando un tigrecito de peluche, y se puso tan feliz, que yo quise ver esa sonrisa más veces. ¿Le di demasiados regalos? No era mi intención ser materialista, solo quería ver esa sonrisa.
Una niña muy tierna. Éramos muy unidas. Dormíamos juntas. Jugábamos cuando volvía del postgrado. Era como mi clon, no debí verla como mi clon.
El último día de la guardería hubo un programa de despedida, en el que hubo algunos actos, y los niños bailaron. Al final todos se estaban riendo, pero ella estaba llorando. Siempre me pregunté si ella era la única que sabía lo que significaba la despedida.
Nos fuimos a Chile cuando me gradué, pasamos bonito con la familia de allá. Era tan chistosa. Poco tiempo después me casé, ya lo veníamos planeando. La idea era ir a vivir a Quito, con la mamá de él. En retrospectiva fue un error, porque nunca la llegué a sentir como mi casa, aun cuando mi suegra se fue a vivir a otro lado.
Quise alejarme un poco de mis padres y hacer mi propia familia, pero seguí dependiendo de ellos para muchas cosas, en especial para el cuidado de Lina. Encontré una escuela, no pequeña, un colegio de 150 años de trayectoria que estaba iniciando con primaria. Un colegio religioso, pero nunca me preguntaron si estaba casada siquiera. Empezaron con la mejor de las intenciones y no tengo nada contra la primaria. Creo que Lina fue feliz en la primaria, en general.


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