HISTORIA DE LINA Capítulo 8: Último intento
Seguimos con terapia psicológica particular que se podía tener más seguido, además de las citas que nos daban del instituto de psiquiatría. Nos enfocamos en que realizara actividades gratificantes, salimos a lugares como familia, tomamos vacaciones, hicimos las tareas que nos mandaban en la terapia familiar, jugamos juegos, vimos películas y series juntos. Fuimos a convenciones y hasta volvió a disfrazarse. Seguimos en los tratamientos, tomamos las pastillas.
Eventualmente pudimos conocer al novio, que obviamente también tenía problemas psiquiátricos. En el centro nos dijeron que no se deberían ver entre pacientes una vez egresadas de la institución, pero cómo impedir eso, si se camuflan los números de teléfono y se llaman. Cómo no dejarle que vea a personas con las que compaginó tan bien, que eran sus pares, que tenían los mismos problemas. Yo pregunté si era posible hacer grupos de apoyo y me dijeron que no era recomendable.
No quiso regresar al colegio en el que estaba. Estaba enojada con el colegio. Pero el colegio estaba aceptando las adecuaciones curriculares que enviaron desde el instituto. Me costaba que haga los deberes, no quería entrar a las clases, creo que no se comunicó con sus compañeros. En general decía que no le interesaba el colegio ni la universidad, que no le veía objetivo. Decidimos sacarle de ese colegio y cambiarle a otro, pero me dieron largas para los trámites. Mandaron una trabajadora social que iba para ver si cómo era el ambiente familiar. Lina fue cortante con ella, le dijo que no quería regresar. En una conversación con su psicólogo le dijo que el slogan “ser más para servir mejor” le había hecho sentir por muchos años que “si no soy más, no sirvo”.
Por fin le pude cambiar de colegio a uno donde trabaja el Papá de ella, y sí sintió que era más suave el trabajo, pero aún así me costaba hacerle hacer los deberes y estudiar. Yo misma le hice muchos deberes. Al principio el trabajo era virtual pero eventualmente ya fue presencial, y nos estábamos organizando para llevarle, porque era un poco más lejos de la casa. El plan era, siempre fue, cambiarnos de casa e irnos a vivir al valle de los Chillos donde pudieramos estar más lejos de los nuevos colegios y más cerca del resto de la familia. Ella sabía eso, yo estuve viendo casas en internet con ella.
Le buscamos cursos y hobbies, ella siempre siguió dibujando, tanto en papel como en digital. Era su forma de expresarse, de desahogarse, y también pensaba vivir de eso. Pensaba mucho en formas de ganarse la vida. Por eso también le puse en un curso de cupcakes, los hacía muy ricos. Yo le comisioné unos para mí y los regalé a mis compañeros en navidad. Hasta el día anterior a su muerte horneó cupcakes. Pensaba en ponerle en algo de gastronomía, pero iba a ser muy pesado. No encontré ningún curso de música en ese momento, porque todavía estábamos en la pandemia.
Pero claro había días y días. Todavía seguía con crisis de vez en cuando, temblaba, en la última cita con el psiquiatra le subió el antidepresivo. Me dijo que si hay algún intento autolítico habría que ingresarle de nuevo, yo pensaba más en cosas como rasguños en los brazos y piernas.
Parece que las cosas con el novio no iban tan bien, como que se desaparecía, como que él no tenía una buena autoestima y ella se culpaba por eso. Creo que se frustraba porque pensaba que tenía que hacer feliz al novio. Supe que estuvo internado otra vez.
Me pidió que le compre una tela de peluche e hizo un conejo para su novio. Se demoró toda la noche y se pinchó un poco, lo cosió a mano. Le quedó bien lindo. Sé que se lo dio, no se cuál fue el resultado. No podía indagar tanto en esa parte, no se abría conmigo.
También le puse en un curso de tatuaje, que se le iba a dar bien por sus habilidades artísticas, y tiene un poco más de salida económica. Era los sábados. Esos sábados también nos estuvimos paseando por ese barrio. Le fue bastante bien, parecía satisfecha en ese aspecto. Pero había una ambigüedad ese último mes, parecía inestable. Se graduó del curso y me dio el diploma 3 días antes de su partida. Ese sábado tenía una marca en el cuello, me dijo que no sabía de qué era, que tal vez se hizo con un collar que se había comprado recién. Yo pregunté “no me mentirías acerca de esto, ¿verdad?” y ella me miró a los ojos y me dijo que no. Y yo le creí.
Itsy bitsy spider, by Len



